La historia del Puro

Nadie sabe con certeza cuándo se cultivó por primera vez la planta del tabaco, pero no hay lugar a dudas sobre el dónde. Los poblados indígenas del continente americano fueron, indudablemente, los primeros no sólo en cultivarla, sino también en fumar dicha planta, que probablemente vino por primera vez de la península mexicana del Yucatán.

Probablemente era utilizada por los mayas de América central y, una vez éstos se disgregaron, las tribus dispersas llevaron consigo el tabaco tanto a la América meridional como a la septentrional, siendo fumado  en sus albores por los indios del Mississippi en sus ritos.

El resto del mundo se percató de la existencia del tabaco gracias al crucial viaje de Cristobal Colón en 1492. Colón no se sorprendió especialmente por dicha costumbre, pero pronto los españoles y otros navegadores europeos quedaron fascinados, a los que siguieron los conquistadores y colonizadores.

Así, los conquistadores que volvían a Europa, introdujeron la costumbre de fumar tabaco en España y Portugal, hábito que simbolizaba riqueza. Se extendió rápidamente por Francia gracias al embajador francés en Portugal Jean Nicot (de quien procede el término nicotina y Nicotiana Tabacum, nombre latín del tabaco) y en Italia. En Gran Bretaña, como es sabido por todos los estudiantes, el responsable de la introducción del tabaco y de la moda del fumar fue probablemente Sir Walter Raleigh.

A pesar de que las primeras plantaciones de tabaco apareciesen en Virginia en 1612 y en Maryland en 1631, el tabaco se fumaba en por las colonias americanas sólo en pipa. Se cree que no fue hasta 1762 cuando apareció el puro, siendo Israel Putnam, general americano durante la guerra de la independencia, quien introdujo una variedad de puros y una gran cantidad de tabaco cubano al regresar a su patria desde Cuba, donde había sido un oficial en el ejército británico. Volvió a su casa de Connecticut, zona en la que el tabaco era cultivado por los colonizadores desde el siglo XVII (y antes que ellos por las poblaciones indígenas).

La costumbre de fumar puros (contrapuesta a la de utilizar el tabaco de otro modo) se difundió en el resto de Europa a partir de España y especialmente de Sevilla. En 1717, en la misma Sevilla, tuvo inicio la fabricación de puros con tabaco cubano; y en 1790 la producción de puros ya se extendía al norte los Pirineos, con pequeñas manufacturas en Francia y Alemania.

Pero el hábito de fumar puros no se difundió definitivamente en Francia y Gran Bretaña hasta después de la guerra peninsular (1806 - 1812) contra Napoleón, cuando los veteranos franceses y británicos regresaron a la patria introduciendo la costumbre adquirida durante el servicio militar en España. En aquella época, el tabaco se fumaba sobre todo esnifado, no en pipa, volviéndose más tarde los puros la forma más a la moda de fumar tabaco. En Gran Bretaña, la producción de “segars” (era así cómo los denominaron), tuvo lugar en 1820, y en 1821 fue necesaria una ley del Parlamento para regular su producción.

En Cuba, a mitad del siglo XIX, donde el comercio del tabaco había sido ya liberalizado, existían 9.500 plantaciones. Así, surgieron en La Habana y en otras ciudades multitud de fábricas (llegaron a existir 1.300, contra las 120 de inicios del siglo XIX). La producción de puros se volvió un sector en auge. Las exportaciones se dirigían principalmente a EE.UU. hasta que, en 1857, se instauraron las barreras aduaneras. En esta misma época se empezó a diferenciar entre marcas y tamaños y se asistió a la introducción de las cajas de puros y del anillo.

En 1919, Thomas Marshall, vicepresidente de Woodrow Wilson, pronunció ante el senado las siguientes palabras: “lo que este país más necesita es un buen puro de cinco centavos”. Su aspiración no se satisfizo hasta cuarenta años más tarde, cuando los nuevos métodos de producción permitieron la fabricación de puros verdaderamente económicos. Sin embargo, en EE.UU. las ventas de puros sufrieron un descenso a finales de los años ’20, pasando de los 9 mil millones de puros (de todo tipo) en 1970, a los 2 mil millones actuales.

La producción industrial de puros fue introducida hacia 1920. En Cuba, la empresa Por Larranaga fue la primera que produjo puros con maquinaria, a pesar de la fuerte oposición inicial de los trabajadores. En EE.UU., la producción a mano pasó del 90% de 1924 al 2% a finales de los ’50.

’60: Hoy en día, la cantidad de puros producidos en Cuba asciende a 350 millones de puros al año, 100 de los cuales destinados exclusivamente a la exportación, de los que alrededor de 20 millones son fabricados con maquinas. Justo después de la revolución eran exportados sólo 30 millones de puros. Dentro de las fábricas estalló también una revolución con la introducción de mujeres a principios de los ’60. Hasta entonces eran los hombres quienes efectuaban el trabajo de enrollar los puros, mientras las mujeres sólo seleccionaban las hojas y las clasificaban, de ahí la leyenda de que los puros cubanos se enrollaban en los muslos de las chicas cubanas.

 

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